EL INMORTAL/Borges

Julio 12, 2009

Hablar de Borges es entrar a un mundo intelectual, pero no pretencioso. Perderse en los laberintos de referencias literarias. El autor alguna vez menciono que se imaginaba el cielo como una biblioteca. En su Paraíso reina toda la literatura. Un laberinto como en la Ciudad de los Inmortales. En donde una referencia nos lleva a otra y a otra y a otra, hasta perdernos. Ciudades que se construyeron por locos, como el lo menciona. Habitadas por trogloditas “de piel gris, de barba negligente, desnudos”. Marco Flaminio Rufo, irá en busca de esta Ciudad acompañado de un numeroso grupo de soldados que en la travesía van desertando. M. R. F. al deshacerse de ellos, se descubre al pie de una montaña, y en su desesperación, bebe de las aguas de un arroyo impuro. Ahí descubre a los trogloditas, y se maravilla de que no hablen y se alimenten de serpientes. Es acompañado por uno en especial, al que por su lealtad lo nombra Argos, troglodita incapaz de aprender cosa alguna, pero que después de una noche lluviosa se le revela como Homero. De esta forma, el protagonista se percata de estar en la Ciudad de los Inmortales. Entonces, se viene todo un planteamiento del significado de la inmortalidad. La muerte como construcción humana y la inmortalidad como algo incomprensible. Para los Inmortales, una sola es la vida, en la que se van equilibrando los actos buenos y malos en el transcurso, así que nada es meritorio. La vida es plana y por eso se nos presenta a los Inmortales como bárbaros, puesto que sus grandes obras solo coadyuvaron para lograr un equilibrio cósmico, sin trascendencia. Los Inmortales no son personalidades, son un humano, simple, en el que se presentan todos los hombres al tiempo. Cuyo placer es el pensamiento, de ahí se comprende la dejadez en su apariencia. Aparte del planteamiento sobre la mortalidad e inmortalidad, considero que el autor habla del oficio de escritor. El escritor como el troglodita, refugiado en su laberinto de ideas, en su galimatías, en sus construcciones hechas por locos( porque el escritor es visto como un loco). Con frecuencia incapaz de comunicarse con el hombre << normal>>, es visto como un bárbaro, pero en realidad esta hundido en su pensamiento, harto de los códigos comunes, de los quehaceres cotidianos. El escritor, a pesar de perecer en cuerpo, queda inmortalizado en su obra. La obra, o mejor dicho, el conjunto de toda la literatura tiene en si, a todos los hombres, todas las situaciones, sensaciones y pensamientos inherentes a la raza humana. Contiene la eternidad. Un hombre es un Ulises y es un Marco Flaminio Rufo, es eterno, solo cambia el traje y la situación, a fin de cuentas es un personaje en una historia lineal, sin principio ni fin.

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