Henry loves Abelardo

Noviembre 7, 2009

Muchas veces el ejemplo es más eficaz que las palabras para conmover los corazones de hombres y mujeres, como también para mitigar sus penas. Por eso, como yo también he conocido el consuelo proporcionado por
la conversación con alguien que fue testigo de ellas, me propongo ahora escribir sobre los sufrimientos provocados por mis desventuras para quien, aun estando ausente, siempre sabe consolar. Lo hago para que, al comparar
tus penas con las mías, descubras que las tuyas no son nada en verdad, o a lo sumo de poca monta, y puedas llegar a soportarlas mejor.
PEDRO ABELARDO
Paratexto en Trópico de Capricornio de Henry Miller.

Leer a Abelardo hace más comprensible el por qué Henry Miller lo escoge como paratexto en Trópico de Capricornio. En primera instancia, enuncio algumos rasgos comunes en ambos personajes. Ambos se caracterizan por nadar contracorriente en su respectiva época, por la importancia que le adjudican al eros en su vida, así como la relevancia que tiene el género epistolar en su obra. Pedro Abelardo escribe Conócete a ti mismo, Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano, y es reconocido por sus Cartas de Abelardo y Eloísa, así como recordado por su tormentosa relación con Eloísa y la penosa venganza que le infringe el padre de ésta. Henry Miller por su parte será recordado por su intercambio de cartas con la que fuera su amante, Anaís Nin, con su amigo Lawrence Durrell y las publicadas póstumamente con Brenda Venus.

Independientemente de los paralelismos ya mencionados, es importante resaltar lo siguiente: Pedro Abelardo plantea en su filosofía la importancia de lo individual en el ser humano. Nos dice que lo único real es el individuo y que los conceptos ligados a lo universal son simplemente construcciones humanas, que lo general no existe sin lo particular, son parámetros de comparación. Asimismo, al desligar al individuo de la masa, le da el valor de persona única y  reconoce a la intencionalidad como elemento para asignarle un valor a los actos.  

Henry Miller nos dice en varios pasajes de su obra, que el siempre luchó por ser el mismo y que siempre pagaría el precio que fuera por mantener su manera de ser, no doblegarse. Tambien le da gran valor a la individualidad. Se aleja de sus contemporáneos y da pie a la generacion beat. Henry Miller individuo no puede insertarse en una corriente determinada, es una especie de lonely crab (como Salvador Elizondo). En Miller, el eros no está reprimido, su eros es libre, pasional mas no vacío.

Abelardo y Miller escriben de si mismos para conocerse, para liberarse, pero asimismo porque supieron hacer de su vida algo narrativo, digno de contarse. Es por esto que Miller se hermana con Abelardo y lo abraza, subiéndolo a su tranvía ovárico.

CAPRICORNIO

Agosto 14, 2009

Si tú, o alguien más, se sacrifica así por otra persona, ¿es porque el otro tiene algo más importante que ofrecer que el simple valor de su deber? Parece que tanto en mi mente como en la tuya la pregunta ya no trata sobre el logro (conseguido gracias a la protección), sino sobre los medios utilizados (la dependencia de los demás). Quizá todo el problema se reduzca a que pienso como un absolutista.
Todo lo que me pides es que adopte una visión relativista de los problemas y las circunstancias. Quizá tenga un gran miedo, no reconocido, de que si me comprometo a pactar me hundiré completamente. Soy posiblemente el único escritor de nuestro tiempo que ha tenido la oportunidad de escribir solamente lo que quería. Quizá esto fuera malo. No sé. De mí podría decirse que siempre hice lo que me dio la gana, que no saqué ningún placer de esas cosas que se llaman renuncias.

     ¿Cómo puedo responder a esto? Quizá todo se reduce a lo siguiente: si las actuales circunstancias no me permiten crear, entonces, al menos, trabajaré como todo el mundo. Es el antiguo problema chino: ¿no es mejor (a veces) la inactividad que la acción? Quizá en todo este planteamiento haya dos fallos. Primero que, si en alguna medida tengo algo de genio, podría arreglármelas para decir lo que yo quiero sin verme forzado a suprimir mi obra. La cuestión que se plantea es una sola: ¿soy capaz? ¿Tengo suficiente destreza? He luchado mucho contra este problema en mis momentos de soledad, créeme.

     Toda mi vida he estado atormentado por la necesidad de elegir entre satisfacer estas exigencias y cubrir otras: las que yo me hago a mí mismo, no sé por qué. Ahora pienso que en la raíz de todo lo que escribo está el hecho de que a una edad muy temprana de mi vida perdí el deseo de participar junto a los demás, fuera en lo que fuera, si había que hacerlo sobre las bases establecidas por la sociedad. Es posible que todo lo que he estado haciendo en mi obra no sea sino protestar y explicar por qué soy diferente. Y sólo recientemente se me ha planteado esta otra pregunta: “¿Basta esto? ¿Puedes justificar tu comportamiento?” Y también esa otra pregunta sobre el dolor y los sufrimientos que causo a los demás, y que provoco por el sólo hecho de que soy único. ¿Tengo yo la culpa? ¿No podría ser que fuera algo que está en la misma naturaleza de las cosas, algo inevitable?

     Durante largo tiempo no he tratado nunca, honestamente, de causar daño a nadie, ni tampoco lo he deseado. Pero eliminar el dolor (ajeno) es algo imposible. Especialmente si ese dolor es consecuencia de que yo sea yo. Naturalmente, encajaré todo lo que me venga por ser yo. Está bien y es justo que así sea…, es el propio destino. Eso no lo discuto. En este momento, todos mis problemas nacen de que trato, cada vez más, de ser yo; de ser como soy. Si este yo es un monstruo, cuanto antes se reconozca, mejor. Al elegir una vida por encima del nivel corriente, nos creamos graves problemas. El objetico último es hacer de esta tierra un paraíso. Pues así es exactamente como trato yo de vivir, como si lo fuera. Soy el ciudadano ideal. Yo estoy a punto; pero faltan las condiciones. Es como si yo tuviera que vivir en una época pasada, de un mundo mejor organizado (que para mí es algo natural y que es donde yo nací) a uno estúpido y deplorable. Yo he vivido ya la vida que la gente sueña. Y no en mi imaginación, sino en la realidad. Y tú también. La diferencia es que te adaptas mejor a esa fase atrasada. Esto es lo que tú llamas un ser humano, me parece. Quizá tengas razón.

     Otra diferencia es que con este criterio de lo humano das importancia a la necesidad de luchar. Mientras que para mí luchar es algo relativamente sin valor. ¿Cómo voy a luchar si ya me he realizado? Si plantas una flor, ¿no es tonto esperar a que la flor se ponga a trabajar; digamos que trabajar para hacer otras flores, flores mejores y más bonitas?
Esta lucha se produce en un nivel que yo ya he superado. Tanto la filosofía materialista de occidente como la filosofía oriental tratan de elevar al hombre por encima de esta lucha. Yo sólo creo en un tipo de lucha: la que libro conmigo mismo. Lo que resulta irónico es que precisamente estos mismos idealistas, los que dicen estar trabajando para conseguir que la humanidad alcance la condición de flor, son los que se burlan de la flor viva. Comprendo toda esta agitación que hay en el pecho de millones de personas, pero están inquietos porque les falta algo. Tratan de ayudarse trabajando juntos, pero no quieren reconocer el valor del trabajo individual, de la germinación individual. Si gracias a ti he conseguido elevarme por encima de nuestro tiempo, si, incluso suponiendo lo peor, sólo estoy soñando (¡y qué maravilloso es soñar! ¿Por qué está considerado un pecado?) nada me hará volver atrás, como no sean las cadenas.

     Es curioso que siempre haya alguien dispuesto a proteger al artista. ¿No será que le ayudan para que perpetúe algo que necesitan, tanto como el aire que respiran? Son como los zánganos trabajando para la abeja reina. Depender de otros no es un problema para mí. Siempre siento curiosidad por saber hasta dónde llegará la gente, cuál será la magnitud de la prueba a que se les pueda someter.

     La dependencia implica desde luego humillaciones, pero ¿acaso estas humillaciones no se deben más bien a nuestras limitaciones? ¿Acaso no es únicamente nuestro orgullo el que padece? Sólo nos sentimos heridos cuando pedimos. Yo, que tanta ayuda he recibido de otros, seguramente sé algo de los deberes del que recibe. Es mucho más fácil estar del lado del que da del lado del que recibe. De hecho, hay que ser más delicado, si se me permite decirlo. Hay que ayudar a la gente a ser más generosa. Al recibir de los demás, al permitir que te ayuden, en realidad les estás ayudando a tener mayor grandeza, a ser más generosos, más magnánimos. Lo cierto es que les haces un servicio.

     Y, por fin, a nadie le gusta hacer sólo una de las dos cosas. Todos nosotros tratamos, con todas nuestras fuerzas, de dar y recibir. Si recibir parece una cosa mala, es sólo porque dar está mucho más relacionado con lo material. El mundo padecería una terrible calamidad si elimináramos al mendigo. En el plan de las cosas, el pordiosero es tan importante como el que da. Si se eliminara la mendicidad haría falta que Dios nos ayudara, porque desaparecería la necesidad de apelar a otro ser humano, de hacerle regalar sus riquezas. ¿Para qué serviría entonces la abundancia? ¿Acaso no debemos llegar a ser fuertes con el fin de poder ayudar, a ser ricos con el fin de poder dar? ¿Cómo podrían cambiar estos aspectos fundamentales de la vida?

     El problema es que ahora la gente es pobre en su espíritu, que la gente es mezquina, envidiosa y celosa. El cambio que ellos buscan no es el que permitiría la expresión de una magnanimidad mayor, sino que pretende buscar formas de protección frente a las humillaciones, protección de su mezquino yo, de su mezquino orgullo, de sus mezquinos prejuicios. Bueno, ya sabes que Capricornio es un firme escalador que avanza despacio, pero sin desanimarse, y que sigue adelante a pesar de sus tropiezos con otra gente. De vez en cuando me rebelo, levanto mi cara al cielo. En estos momentos parece como si el mundo conspirara para hacerme bajar la cabeza. Todavía no he llegado a tener manía persecutoria; espero que me entiendas. Sé cuál es mi papel y cuál el del mundo. Y al final, el mundo y yo nos entenderemos. Hago todo lo que puedo, siempre, incluso cuando parezco ser un vago y un malvado y un testarudo.

     Capricornio continuamente lo intenta, ésta es la maldita verdad. Nunca abandona. ¿No comprendes que para mí, dada mi naturaleza, mi destino, mis signos astrológicos, no hay mayor felicidad que hacer una pausa, descansar, mirar hacia arriba, dejarme deslumbrar por las estrellas, maravillarme, soñar, meditar? ¿Por qué escalamos el cielo, sino porque pretendemos llegar a lo alto algún día y ver desde allí el mundo? Supongo que llegado ese momento desaparecemos del cuadro. Sé que nunca alcanzaré un Shangri-La tangible. Ya sé que esto no existe en ninguna parte, salvo el interior de uno mismo. Sé lo que significan mis exploraciones. Pero no puedo aprender más deprisa de lo que aprendo. Tengo que trabajar con estos pobres materiales de los que estoy hecho. Por lo que puedo ver, tú luchas por adaptarte a una mala situación. Mi lucha consiste, en cambio, en no adaptarme. Cuando miro atrás y veo los sacrificios que he hecho, no siento ningún placer. Los considero como tiempo perdido. Sin embargo, no considero que sea tiempo perdido el que he pasado vagando, soñando o jugando. Más bien, me parece todo lo contrario. Es posible que el mundo no esté todavía organizado para que la gente viva de esta manera; lo cual, de todos modos, no demuestra que yo esté equivocado.

     Anoche leí un poco más de la Tercera Existencia. ¿Sabes lo que le ocurrió al maravilloso doctor Kerkhoven, teniendo aproximadamente mi edad, cuando llegó a la culminación de su poder? Fue a una cacería de patos. Comprendió que ya no creía en lo que estaba haciendo. Abandonó a su esposa, a la que amaba más que nunca, y se fue a Java a estudiar, a meditar, a experimentar y a encontrarse consigo mismo. El mundo le había aceptado tal como era. Había llegado a lo más alto. Pero él no estaba satisfecho de sí mismo. Se fue a la selva. Y me encontraré a mí mismo; de hecho no hay ninguna duda. Si elijo California y no Nueva York como mi selva, alguna razón habrá en mi locura. El tiempo dirá. No hecho aquí mis anclas para siempre. Cuando cambio de sitio, quiero que esto tenga algún sentido.

Carta de Henry Miller a Anais Nin. Aparece en el volumen tercero de los Diarios de Anais Nin

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Batalle para encontrar esta carta, cada vez que me siento fuera de lugar, que siento que las cosas van en mi contra, la leo y me da fuerzas. Espero, veo, quiero llegar a la perfección de la flor.

[[Paso revista en un instante a las mujeres que he conocido. Es como una cadena que he forjado con mi propia desdicha. Cada una atada a la otra. Un miedo a vivir separado, a salir del útero. La puerta de la matriz nunca con el cerrojo echado. Espanto y añoranza. En lo más profundo de la sangre, la atracción del paraíso. El más allá. Siempre el más allá. Todo debió de empezar con el ombligo. Cortan el cordón umbilical, te dan un azote en el culo, y ¡hala!, ya estás en el mundo, a la deriva, un barco sin timón. Miras a las estrellas y después te miras el ombligo. Te salen ojos por todas partes: en los sobacos, entre los labios, en las raíces del pelo, en las plantas de los pies. Lo distante se vuelve cercano, lo cercano se vuelve distante. Dentro-fuera, un flujo constante, un cambio de piel, lo de dentro afuera. Vas a la deriva así durante años y años, hasta que te encuentras en el centro inerte, y allí te pudres lentamente, te desintegras lentamente, te dispersas otra vez. Sólo queda tu nombre.

Los seres humanos constituyen una fauna y flora extrañas. De lejos parecen insignificantes; de cerca parecen feos y maliciosos. Más que nada necesitan estar rodeados de suficiente espacio: de espacio más que de tiempo.]]

Con esta ultima frase termina Tròpico de Cancer.Henry Miller

CARTAS

Junio 26, 2008

UNA CARTITA ASI…..

Todas las cartas de amor son ridículas
no serían cartas de amor si no fuesen ridículas
También escribí en tiempos cartas de amor
como las demás, ridículas
Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser ridículas
Pero al final
solo la gente que nunca ha escrito cartas de amor
son las que son ridículas

PESSOA

TERMINE DE LEER EL LIBRO QUERIDA BRENDA DE HENRY MILLER. ES SORPRENDENTE LA FORMA EN QUE EXPRESA SU AMOR (A TODAS LUCES PLATONICO) CON BRENDA VENUS, DESPUES DE DESCRIBIR DE MANERA TAN CRUDA COMO TENIA ONDAS CON OTRAS MUJERES. TAL VEZ SERIA SU EDAD, PERO ESTE LIBRO, FUERA DE SER CURSI, MUESTRA COMO SE CONJUGA EL DESEO CON UN AMOR PURO, Y QUE APARTE DE PROFESARLE SU AMOR A BRENDA, ES BIEN CHIDO PORQUE COMPARTE UN BUEN DE COSAS REFERENTES A CULTURA GENERAL Y ASUS VIVENCIAS. ESTA ES LA CARTA MAS “ACA” QUE LE ESCRIBIO, POR CIERTO, EN FRANCES…


“La escena que me viene a la mente se repite con frecuencia. Estoy en tu casa mirando tus cuadros. Inmediatamente me ofrecès algo de beber. La bebida se nos sube a la cabeza. Vestìs una camisa muy fina y transparente. Por encima del ombligo no llevàs absolutamente nada.Tus pechos son esplèndidos. Tenès el aire de una bailarina. (Como un Degas) Tus piernas son fuertes y hermosas. De repente me lanzo sobre vos y te arranco la camisa. El pelo negro y copioso de tu sexo me pone de inmediato tenso. Hundo tu mano entre tus muslos y advierto que ya estàs hùmeda. Parecès muy excitada, dispuesta a hacer lo que sea. No me sorprende. Te conozco desde hace siglos, quiero decir de anteriores encarnaciones. Hemos sido amantes muchas veces. En ocasiones eras prostituta del templo, en la India, en Egipto y en otros paìses. Siempre eras una mujer para el placer, pero siempre religiosa. Tu religiòn era siempre el “sexo”, como los actuales practicantes del Tantra. Enseñàs a los jòvenes, hombres y mujeres. Para vos es una cuestiòn artìstica. Por eso parece ahora que fueras una experta.Sin el menor rubor te acariciàs suavemente el coño con la mano derecha. Entonces…con dos dedos de cada mano abrìs la hendidura entre tus piernas y me mostràs los pequeños labios que tiemblan como un pajarillo. El jugo fluye abundante; tus muslos centellean.Sin decir una palabra ponès la mano en mi pantalòn y empuñàs mi pene (el tronco, si lo preferìs). Tus manos tan fuertes, pero delicadas, juegan con èl como si fuese un instrumento musical. Estàs sofocada e irresistible. Quiero “jugar” inmediatamente, sobre todo cuando pones tu lengua en mi boca. Despuès tu boca empieza a lamer suavemente mi pija. Es difìcil permanecer en pie. Afortunadamente està cerca el sofà. Caemos sobre èl juntos, boca sobre boca, miembro contra coño. Pero todavìa no te he penetrado. ¡Què caliente estàs!. Me llenàs de besos. Deseo besarte. Estàs entregada. Me agarràs el pene y te lo ponès entre las piernas. Entra suavemente, lentamente incluso. Tu òrgano està deliciosamente formado. Es angosto y profundo. Me retenès como lo harìa un dedo. Naturalmente no puedo aguantarme màs. Me voy-al igual que vos-al mismo tiempo.Permanecemos asì durante algunos instantes, entrelazados como serpientes. Trato de librarme pero vos no me lo permitìs. Me sujetas con tu poderosa musculatura. Al cabo de un rato advierto movimientos en tu interior. Poco a poco empiezo a hincharme. Ahora alzàs las piernas y las colocàs sobre mis hombros. Estàs totalmente abierta y mojada. No cesàs de acabar. Tus ojos se dirigen hacia el techo. Me pedìs que continùe, que no me detenga. Me decìs (en inglès), “cojème, Henry, cojème!. Metela hasta la manija. ¡Estoy tan caliente!”. Es la primera vez que utilizàs ese lenguaje conmigo. Oìrte me vuelve loco. “Dios, dame fuerzas, dejame poder”, me digo a mì mismo, “y te besarè eternamente”. No olvidès que te estoy contando una fantasìa. No entiendo de dònde salen las fuerzas para darte tan prolongado placer.Sos insaciable. Hacès toda suerte de movimientos y, en ocasiones, gestos que resultan absolutamente delirantes y obscenos. Has perdido la cabeza. Eres sexo y nada màs que sexo. Sabiendo que podrìas matarme te apartàs de mì para que pueda recobrar el aliento. Pero no cesàs de acariciarme, especialmente con la lengua. Y tu cuerpo sigue ondulando sobre mì. ¡Me besas como una posesa!.¿Y despuès què?¿què posiciòn?. Soy yo el que te propone que hagamos el amor como los perros…
(“Querida Brenda”, Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus”. Biblioteca Seix Barral. Sudamericana-Planeta, Barcelona, 1986)

SSSS IMAGINENSE COMO KEDA UNO DESPUES DE LEERLA, GANOSITO ES POCO….

La vida….

Junio 19, 2008

Miller es Dios